Manifestación con sangre en Tailandia para pedir la caída del Gobierno
Manifestación con sangre en Tailandia para pedir la caída del Gobierno
Miles de "camisas rojas" hicieron cola el martes en Bangkok para donar cientos de litros de sangre que luego derramaron como "sacrificio" para reclamar la caída del Gobierno y pedir el regreso al poder de su héroe, el ex primer ministro en el exilio Thaksin Shinawatra.
Miles de "camisas rojas" hicieron cola el martes en Bangkok para donar cientos de litros de sangre que luego derramaron como "sacrificio" para reclamar la caída del Gobierno y pedir el regreso al poder de su héroe, el ex primer ministro en el exilio Thaksin Shinawatra.
Miles de "camisas rojas" hicieron cola el martes en Bangkok para donar cientos de litros de sangre que luego derramaron como "sacrificio" para reclamar la caída del Gobierno y pedir el regreso al poder de su héroe, el ex primer ministro en el exilio Thaksin Shinawatra.
Los manifestantes, que acusan al ejecutivo de dar la espalda al pueblo, esperaron pacientemente su turno desde primeras horas de la mañana para donar, según los organizadores de esta vistosa protesta, 300 litros de hemoglobina, sobre todo frente a la sede del Gobierno de Abhisit Vejjajiva.
"Esta sangre es una ofrenda de sacrificio, para mostrar nuestro amor por la Nación, para mostrar nuestra sinceridad", proclamó Veera Musikapong, uno de los líderes del movimiento.
Los manifestantes agitaban con orgullo las botellas llenas de sangre que transportaban los camiones bajo vigilancia de la policía antidisturbios.
"Si Abhisit se empecina, aunque no tenga sangre en las manos, la tendrá en los pies", advirtió por la mañana Nattawut Saikur, otro líder de los "camisas rojas".
El número de manifestantes, que el domingo fue de 100.000 como máximo, parecía decrecer este martes pero su objetivo -conseguir derrocar a Abhisit- seguía intacto.
Procedentes sobre todo de las zonas rurales del norte del país, consideran ilegítimo a Abhisit, un licenciado en Oxford que llegó al poder a finales de 2008 gracias a un cambio de alianzas parlamentarias.
Y se proponen quedarse en Bangkok hasta la convocatoria de elecciones anticipadas. El viceprimer ministro, Suthep Thaugsuban, estimó el martes que el movimiento podría prolongarse seis o siete días.
Pero Abhisit, de 45 años, se niega a dimitir. "No se puede tomar ninguna decisión entre el gobierno y los manifestantes ya que afecta a todo el país", declaró.
El parlamento tailandés aplazó este martes su sesión por no haber podido reunir el número mínimo de diputados y de senadores debido a que la inmensa mayoría de ellos no quiso desplazarse por motivos de seguridad.
Los "camisas rojas" se echaron a la calle dos semanas después de que un tribunal decidiera confiscar más de la mitad de la fortuna de Thaksin, declarado culpable de abuso de poder cuando dirigía el gobierno.
Thaksin, un acaudalado empresario, fue derrocado en 2006 por un golpe de Estado y, según parece, reside en Montenegro.
Se trata de las manifestaciones más importantes desde las de abril de 2009, en las que murieron dos personas y otras muchas resultaron heridas. Pero esta vez, el movimiento de protesta rezuma alegría y se desarrolla en un ambiente de júbilo.
Sólo sufrieron lesiones dos soldados el lunes por el estallido de granadas y no está claro que este incidente guarde relación directa con las protestas.
El Gobierno ha movilizado a unos 50.000 miembros de las fuerzas de seguridad en el interior y alrededor de la capital, y se atrincheró con el Estado Mayor castrense en el Undécimo Regimiento de Infantería.
El lunes por la noche, el ministro de Salud, Jurin Laksanawisit, expresó reservas sobre la espectacular manifestación del martes.
Pero los organizadores respondieron que se utilizarían 60.000 jeringuillas nuevas. "Todos los que sacan sangre son médicos, enfermeras o personas cualificadas procedentes de hospitales privados o públicos", afirmó Veera.
Tailandia sufre una profunda división entre la población rural, partidaria de Thaksin, y las élites tradicionales de la capital, entre las que figuran la realeza, los altos funcionarios y los militares, quienes reprochan al ex primer ministro su populismo, su mercantilismo y su supuesta amenaza para la monarquía.
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